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miércoles, 2 de marzo de 2011

Quiero que internet se olvide de mí


Se puede entender que en nuestra Constitución de 1978 no se pueda encontrar ningún artículo relacionado con la protección de datos en la red. Hemos vivido en estos últimos años unos enormes avances cibernéticos, que en aquél entonces no se podían prever.

"Ningún ciudadano que no goce de la condición de personaje público ni sea objeto de un hecho de relevancia pública tiene que resignarse a que sus datos personales circulen en la Red". Según Marc Carrillo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Pompeu Fabra, es legítimo borrar los datos que hacen referencia a tu persona en la red si no ha sido por voluntad propia y que carezca de interés público. En el caso de que fuera por ejemplo un delito, y que fuera condenado por sentencia firme, esto decaería.

“La UE aspira a dotar de transparencia el brumoso mundo digital. Quiere que los proveedores de servicios de Internet o los buscadores recojan los mínimos datos de los usuarios. Y que lo hagan de manera tan clara como para saber quién los almacena, cómo, con qué finalidad y por cuánto tiempo”

La AEPD también actúa para cancelar datos publicados en foros de Internet facilitados por un tercero sin el consentimiento del afectado. En este caso, la agencia precisa que los comentarios introducidos en Internet entran dentro de la libertad de expresión, pero matiza: "La libertad de expresión tiene su límite en el respeto a otros derechos fundamentales". Expone que aunque la información publicada en ese foro fuera veraz, "al no referirse a asuntos públicos de interés general resulta preferente el derecho fundamental a la protección de datos".

"Internet es un marco global y necesita una norma global, con tratados internacionales de protección de privacidad. Esa es la única lógica que puede satisfacer la exigencia de proteger la privacidad. La fuerza está en la unión".
En conclusión, y según tengo entendido, eliminar datos personales de internet es un derechos que todos tenemos para mantener nuestra intimidad, por lo que debería ser gratuito. Lo que no me parece bien es que ciertas empresas se aprovechen de estas circunstancias para hacer “negocio”.

Cristina Yepes Carrillo 

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